LA RESILIENCIA

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El término <<resiliencia>> proviene de la física de los materiales. Se refiere a las cualidades de un material que bajo cierta presión externa que le obliga a estirarse, doblarse, comprimirse, y luego de liberarse de dicha presión, puede recobrar su forma original. Un ejemplo típico puede ser un resorte, que puede ser resistente a presiones mientras no rebase un punto llamado de inflexión, porque rebasado éste, entonces ya nunca mas se recupera.

En estos tiempos caracterizados por una diversidad acelerada de cambios, en las que unas nuevas condiciones se imponen, llegando a afectar severamente condiciones actuales de la gente, empresas y gobiernos, estilos de vida, expectativas y planes o sueños concernientes a diversos ámbitos, es normal que ante pérdidas irremediables, y en otras tener que postergar cosas muy anheladas, da como consecuencia que haya toda clase de reacciones, desde la natural frustración, desencadenándose mayores o más intensas decaídas emocionales que lleven a las personas a experimentar desilusión, desesperación, decaimiento, desánimo, decepción, desmotivación, apatía, abdicación y hasta depresión al no tener la fuerza interior suficiente para reponerse de tales caídas. Como se podrá apreciar, se trata de un término que ha cobrado gran popularidad en los últimos años, de manera que una gran mayoría de personas están familiarizados con él.

Ahora bien, es de resaltar una vez más que la naturaleza humana es maravillosa, porque aun en las peores circunstancias, el ser humano ha demostrado en muchas ocasiones ser capaz de sobrevivir y sobreponerse, dado que desde su espíritu surge una fuerza interior que le ayuda a sacar recursos físicos, mentales y emocionales –muchas veces desconocidos- que le permiten avanzar y salir avante –según sea el caso, lenta o rápidamente-  del atolladero y volver a resurgir cual ave fénix. Y ¿cuál es, esa capacidad?

En psicología, está identificada una capacidad innata en potencia que tiene toda persona para recuperarse de circunstancias trágicas o traumáticas, como muertes, accidentes, crisis económicas, desempleo, quiebras, pérdidas de patrimonio, destrucciones, cataclismos, migraciones, guerras, mutilaciones, accidentes o enfermedades de toda índole, degenerativas o terminales, etc. Esta capacidad se le nombra como resiliencia.

 

Podemos decir que la resiliencia es la capacidad de que goza todo ser humano que le permite asimilar el proceso de adaptación a nuevas condiciones o estados como consecuencia del efecto producido por cierta adversidad que daña, trasgrede, amenaza la existencia, hecho que se convierten en permanentes fuentes de tensión significativas hasta su resignación o resolución, por lo que para ello, hace uso de recursos propios que se encuentran latentes y que generalmente le son desconocidos hasta ese momento, al grado que al ponerlos en marcha, es capaz de rediseñarse para seguir proyectándose al futuro.

Una de las características de las personas resilientes, es que suelen ser seguras de sí mismas y saben que deben afrontar situaciones difíciles para salir adelante. Se reconocen que no son perfectas, que tienen cualidades, pero también defectos, aun así, se aceptan tal y como son y se sienten cómodas con ello.

En efecto, se ha encontrado que existen varios tipos de resiliencia, aunque como ésta puede aparecer en cualquiera de las dimensiones de vida, todos estos comparten características en común, el contexto y las implicaciones permiten considerarlos estados individuales, por tanto, se ha optado por darle ciertas distinciones, como principalmente la psicológica, emocional, física y comunitaria, como a continuación explico.

Veamos a qué hace referencia cada una.

Tal y como advierten los expertos, la resiliencia es un proceso más complicado de lo que se cree, dado que la nueva condición puede ser drásticamente diferente y difícil para las personas aceptarla y adaptarse a ella, e incluyen en dicho proceso factores biológicos, psicológicos, culturales y sociales, que llegan a interactuar con el fin de mediar en las respuestas de los sujetos ante el trauma de la susodicha pérdida y lo complejo que pueda ser su adaptación a su nueva realidad. Con base en esta red compleja, se puede señalar los distintos tipos de resiliencia.

  1. Resiliencia Psicológica.

Dado que en el dominio de lo humano no hay nada escrito de manera contundente, es evidente que habrá casos en que para unas personas el proceso de desarrollar la resiliencia pueda ser complejo, difícil y doloroso, como habrá otros casos en el que dicha capacidad se manifieste de una manera mucho más fluida, diríamos casi de manera innata, sin embargo, en cualquiera de los casos, como toda capacidad, lo cierto es que es un atributo que puede entrenarse.

A menudo denominada como fortaleza mental, la resiliencia psicológica alude a la capacidad cognitiva de generar y mantener patrones mentales caracterizados por contener pensamientos positivos, optimistas, selectivos, enfocados por una parte, en lo rescatable de lo que haya sido la pérdida y a su vez en los beneficios que trae consigo dicho cambio con la nueva realidad como por otra parte, presentar cierta resistencia a los desafíos por las consecuencias generadas por la propia adversidad, y una última, evita generar pensamientos catastróficos relacionados al futuro ante la nueva condición.

La persona conscientemente no da cabida a pensamientos tóxicos, negativos, perniciosos ni catastróficos en su mente, ya sean generados por otros o por ella misma a pesar de las evidencias de dichos episodios traumáticos. Cabe resaltar que, tanto el nivel de exposición a dicho trauma, la edad, el nivel académico y el apoyo social participan a favor en la mediación de su respuesta.

Los expertos señalan que este tipo de resiliencia está condicionada por las características psicológicas. En efecto, ciertas personas (por una variedad de factores) están preparadas más que otras desde el punto de vista mental para hacer frente a determinadas situaciones desfavorables que pueden ocasionar tensión, inquietud y zozobra. Por supuesto, se trata de algo que se puede entrenar y fortalecer. A este respecto, todo parece indicar que los adultos mayores tienen un mayor grado de resiliencia psicológica en comparación con los adultos jóvenes.

Esto nos hace suponer que, una razón pueda ser que las generaciones anteriores desde pequeños estuvieron más expuestos a situaciones que implicaban cierto grado de rigor como parte de su educación, no había tanto consentimiento y sin embargo sí exigencia, los castigos eran más severos y eso los llevó a que de acuerdo a su contexto, buscaran las estrategias más efectivas y desarrollaran las habilidades necesarias para soportar las situaciones críticas y salir adelante; otra es la experiencia en un periodo de transición donde han aflorado gran cantidad de cambios como parte de la  evolución de la humanidad, a los cuales todos, de una manera u otra, tuvieron que adaptarse, por lo que en ambos casos, se ve que la capacidad de resiliencia se va afinando con el tiempo y la experiencia.

 

 

En cambio, las recientes generaciones que ya nacieron después de este nuevo orden social y tecnológico, apodadas “de cristal”, han crecido bajo otras condiciones más afables, en ambientes de mayor consideración y respeto, hecho que se les ha facilitado condiciones distintas, con desafíos pero sin tanto rigor, debilitándoles el carácter y la mentalidad ante las adversidades y es ahí que cuando aparecen, pareciera que están menos facultadas y muestran mayor vulnerabilidad y dependencia para afrontar los desafíos.

  1. Resiliencia Emocional

Se refiere a la capacidad para conectar, comprender y organizar las emociones y manejar los sentimientos lo más sanamente posible en un contexto de trauma, crisis, problemas, dolor, sufrimiento o estrés. Como se puede ver, está vinculada a la inteligencia emocional, ya que las personas que han aprendido tener un mejor control emocional, puntúan más alto en cuanto a resiliencia emocional. Los expertos también coinciden que también es parte de la educación en casas, se trata de un proceso que se empieza a afinar durante la infancia, de manera que se va consolidando a medida que crecemos.

Es natural entender que toda situación anormal, problemática, desafortunada e inesperada, desata una avalancha de emociones, que de acuerdo con los expertos, se resumen a 5 emociones básicas, Alegría, Miedo, Afecto, Tristeza y Enojo, y para tenerlas presentes, hago alusión al término AMATE, el acróstico que las contiene y donde cada una de ellas se constituye de un abanico de intensidades diversas,  que pueden ir desde un estado de contento a uno de euforia, de una sensación de inquietud a pánico, de una manifestación de cariño a otra de fanatismo, de nostalgia a depresión y de molestia hasta el odio, por lo que ante el infortunio, las personas reaccionan con alguna o algunas emociones y con sus respectivas intensidades que llegan a diferir unas de otras. La realidad es que no hay sentimientos aceptables o no aceptables, ni malos ni buenos. No podemos negar la existencia de lo que se genera en nuestro interior, pues eso lo que nos hace sentir que estamos vivos. Controlar todas estas alteraciones del ánimo resulta crucial para hacer frente a los problemas y gestionar soluciones. Esto todavía se hace más complejo cuando la crisis en un momento dado es colectiva y no individual.

La evidencia indica que este tipo de resiliencia se relaciona con efectos positivos en la salud, por tanto, es evidente la conveniencia de desarrollarla como una estrategia útil que tiene múltiples implicaciones y beneficios en el día a día, y no solo en la gestión de desastres. La experiencia indica que las generaciones jóvenes tienen más desarrollada la resiliencia emocional que las generaciones mayores, debido a la reciente apertura a tomar en cuenta el mundo emocional y la expresión de sentimientos, tema que años atrás, culturalmente este tema de las emociones era tabú y prohibitivo al ser muestra de vulnerabilidad, de ahí la torpeza de mucha gente mayor en el reconocimiento y manejo emocional.

  1. Resiliencia Física

Según los expertos, la resiliencia física es uno de los tipos de resiliencia mas socorridos, aunque en los últimos años no ha dejado de despertar interés por parte de los expertos en el área. Alude a la fortaleza y a la resistencia para adaptarse a los desafíos de la vida, haciendo uso de capacidades y habilidades para recuperarse de enfermedades, accidentes y demás, así como también saber operar. Esto ha resultado como consecuencias de atender un sinnúmero de casos en el que las personas se han visto afectadas de por vida por fuerzas de causa mayor como accidentes, enfermedades, actos terroristas, guerras, fenómenos naturales (tusnamis, terremotos, huracanes, maremotos, torrentes, avalanchas, incendios, explosiones, etc.), pero todas con grandes deseos de seguir viviendo.

Un estudio publicado en The Journals of Gerentology: Serie A en 2016 encontró que la resiliencia física se asocia a una vejez saludable. Ciertamente, la capacidad de reponerse prontamente de una enfermedad es una habilidad muy apreciada a medida que sumemos años de vida.

  1. Resiliencia Comunitaria.

La resiliencia comunitaria es el último de los tipos de resiliencia. En los casos anteriores se hizo referencia a ella desde el punto de vista individual. En este caso, se hace teniendo como punto de referencia el colectivo, llámese grupo o comunidad. Por tanto, entendemos por resiliencia comunitaria las habilidades, estrategias y capacidades de un grupo para responder y adaptarse a situaciones que lo impactan negativamente.

En este sentido, es tan amplio como el individual, nada más que los desastres impactan al colectivo y no al individuo en lo particular, como son los casos de desastres naturales, situaciones de violencia o delincuencia, crisis económicas, guerras y otros tantos conflictos que atañen a esa comunidad.  Se manifiesta tanto en grandes como en pequeños eventos y es lo que permite a una determinada comunidad resurgir de un desastre.

En todos los continentes se han dado casos en que poblaciones enteras, por una causa de la naturaleza o por obra del mismo hombre, se han visto envueltos en situaciones dramáticas y han tenido que enfrentar una serie de vicisitudes y aun así, su fortaleza los ha llevado no nada más a sobrevivir, sino a resurgir de nueva cuenta y hasta con más bríos.

Estos son los principales tipos de resiliencia. Por supuesto, ninguno de ellos es excluyente entre sí. De hecho, no es posible desarrollar resiliencia comunitaria si se carece de resiliencia individual (psicológica, emocional y física). Son caras de un mismo dado. Trabajar en ellas es parte del compromiso que adquiere todo individuo como parte de su formación, así como también de una sociedad que quiera lograr un desarrollo sostenible para garantizarle un mayor bienestar a futuro a su comunidad.

El desarrollar esa capacidad de sobreponerse a situaciones difíciles como dolorosas, da como compensación un mayor auto-conocimiento, un mayor empoderamiento para afrontar nuevos retos, una mayor capacidad de aprecio y gratitud ante lo que se tiene, más sabiduría para el manejo de la propia vida y finalmente una más profunda espiritualidad.

La resiliencia se construye a partir de la vivencia ante el rigor, del sufrimiento que provocan los cambios y del dolor que generan las pérdidas, sin embargo, ayuda a mantener equilibrio o mejorar la estabilidad física, mental y emocional de las personas ante las situaciones vitales estresantes. Es algo que, a menudo, se genera de forma espontánea, pero hay estrategias que pueden ayudar a que cualquier persona de aplicarse, la potencialice y que pueda ponerla en práctica cuando se encuentre en situaciones vitales difíciles. Es importante tener claro que no son las situaciones en sí mismas las que detonan las emociones, sino la valoración o interpretación personal que hacemos de cada una de ellas. A menudo no se puede modificar las situaciones externas porque son fenómenos irremediables, pero sí aprender a modificar la forma cómo se les interpreta y a facultase a sí mismos a cambiar de actitud, como hacen las personas resilientes.

 

Cuando las situaciones son remediables, entonces se tiene la facultad de hacer algo al respecto para modificarlas y crear una nueva realidad.

Cabe señalar que existen algunos atributos personales que favorecen la resiliencia, por ejemplo, la autoestima para afrontar lo novedoso, la creatividad para resolver problemas o la competencia social para edificar nuevos ambientes. En algunos casos, también la favorecen los apoyos familiares y sociales con los que se cuentan. Además, una actitud positiva también propiciará nuestro bienestar y el establecimiento de metas que estimulan el deseo de superación. La clave es identificar lo que a cada uno le pueda funcionar mejor para desarrollar estrategias propias.

Les presentamos aquí diez sugerencias para construir o fortalecer la capacidad de resiliencia propuestos por la Asociación Americana de Psicología:

1.- Establecer y mantener relaciones

Las buenas relaciones  familiares y sociales son una excelente fuente para obtener y aceptar ayuda y apoyo, como encontrar oportunidades para ayudar a otros, algo que, a su vez, también redundará en nuestro bienestar personal.

2.- Promover un enfoque a soluciones

A menudo, no podemos cambiar los hechos, pero sí la forma cómo los interpretamos y respondemos a ellos.

3.- Aceptar que el cambio es parte de la vida

Aprender a aceptar que hay circunstancias que no podemos cambiar, como puede ser el caso de alguna enfermedad degenerativa o terminal, y sí puede ser de gran ayuda para centrarse en lo que sí se puede modificar y canalizar esfuerzos hacia ellas.

4.- Enfocarse en los propios objetivos

Es importante establecer metas realistas como desafiantes y apegarse a un plan de acción que nos acerque a ellas. Preguntémonos: “¿Qué puedo hacer hoy (por insignificante que pueda parecer) para acercarme a una de mis metas?”. El fijarse metas e ir en pos de ellas, es el mejor pretexto para transformarse, pues la riqueza está en el proceso no en el resultado, éste último es la consecuencia de todo el esfuerzo invertido.

 

5.- Ejecutar acciones decisivas

Actuar en consecuencia en la medida en que las situaciones adversas lo permitan para tratar de cambiar su rumbo, en vez de evitarlas y esperar a que se resuelvan solas.

6.- Fomentar el autodescubrimiento

A menudo, pasar por situaciones vitales difíciles conlleva una sensación de fortalecimiento personal. Aunque todavía nos sintamos vulnerables, estas vivencias favorecen el concepto de uno mismo y de las propias capacidades, lo que nos llevará a conquistar más confianza en sí mismos ante aspectos de la vida.

7.- Alimentar una visión positiva de futuro

Desarrollar confianza en el propio instinto y en las personales capacidades para lanzarse en pos de ese estado deseado que de lograrlo, le da una perspectiva muy diferente a la existencia.

8.- Ver las cosas en perspectiva

Tratar de considerar las situaciones estresantes en un contexto más amplio y con cierta objetividad, evitando hacer una montaña de un grano de arena.

9.- Mantener la esperanza

Una actitud optimista nos capacita para confiar en que nos pasarán cosas buenas. Procurar visualizar lo que se quiere es mejor que preocuparse por lo que uno teme.

10.- Otras formas útiles de potenciar la resiliencia

A algunas personas les ayuda escribir acerca de sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con las situaciones traumáticas que les ha tocado vivir o aquellas que les generan un alto nivel de estrés. Hay a quien la meditación o las prácticas espirituales les resultan de gran ayuda.

Finalmente, y con la intención de que este escrito vaya acorde a sus intereses en el ambiente laboral, como líder desarrollador, una de las mayores responsabilidades es poner a disposición de sus colaboradores una serie de herramientas positivas que ayuden a la elevación hacia un nivel más alto de resiliencia frente a los problemas y retos que enfrenta toda empresa.

 

Para ello es ideal brindarles comprensión, optimismo, buen humor, afecto y ayudarlos a aceptarse y confiar en ellos mismos bajo la salvedad de que haya errores. Por el contrario, aquellos líderes que propician todavía a sus colaboradores malos tratos, humillaciones, desaprobaciones, amenazas o simple incomprensión, llegan a ser menos propensos a conseguir enfrentarse sanamente a los conflictos, por temor a equivocarse, a quedar mal e inclusive a perder el trabajo, por lo que optan por mantener un bajo perfil, ser “prudentes o reservados”, postura que va en menoscabo de la operación dañando a su vez a la misma organización.

¡Eso es lo que hace un líder desarrollador! Ahora bien, si no sabes cómo hacerlo, te invito a que estudies Coaching o si ya eres Coach y te dedicas a apoyar a la gente, te actualices con nosotros en IMPEL a estudiar la Certificación de coaching de Vida.

Por Master Coach Conrado Carlos Alonso

 

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