En IMPEL tenemos la experiencia de que en muchas ocasiones es un imperativo de la empresa que sus ejecutivos, empleados y obrertos se superen y desarrollen tanto competencias duras como blandas, es decir, obtengan más destreza en su desempeño ante aspectos técnicos como también en aspectos humanos.

Es muy común encontrrnos con casos en que técnicamente es muy buena la persona tanto por sus conocimientos adquieridos teóricamente como por la experiencia laboral acumulada en años y aportan gran valor a la organización, pero paradójicamente, se convierten en un problema por el hecho de no saber relacionarse con los demás y presentan posturas déspotas, críticas, sarcásticas, groseras.

Es por ello que los clientes acuden con nosotros para ayudarles a llevar a sus ejecutivos a mejorar su desempeño. Muchos de ellos saben que necesitan cambiar, sin embargo, a pesar de que lo reconocen e intentan, no pueden y eso es porque a fin de cuentas no saben cómo. Otros, al estar enagenados de sí mismos, y engreidos por su progreso profesional, no se dan cuenta de sus comportamientos muchas veces nefastos para el ambiente laboral, por tanto invalidan las opiniones de los demás pretendiendo justificarse con la idea de que ellos están bien y son los otros los que están mal.

En ambos casos, el no estar consciente o el ignorar cómo mejorar, provoca que la dinámica de trabajo no sea lo más efectiva posible, porque a veces, ante sus reacciones muy comúnmente humillan al personal, le descalifican o lo atemorizan, por lo que esto conlleva que la gente no trabaje cómodamente, a gusto, no disfrute lo que hace, por tnto esos comportamientos van en menoscabo de la motivación, confianza y disposición de la gente, y es por ello cuando vemos a la gente trabajar con mala actitud, con cierta indolencia, actuando con indiferencia de lo que ocurra a su alrededor, con  poca motivación al no implicarse más allá de su labor y estar esperando la hora de salida, haciendo lo mínimo necesario que justifique la paga dado que se desenvuelve con temor o resentimiento y aunque se llegan a lograr los resultados esperados, hay un el alto costo implícito reflejado en cierto desgaste organizacional muchas veces no cuantificable, manifestándose en desperdicios, retrasos, gastos extras, robo hormiga, chismes, resistencia al cambio, sabotajes, ausentismo, e inclusive rotación de personal y en otros extremos hasta huelga.

De ahí la importancia de saber apoyar a los líderes para que, ante su deficiencia en cuestiones más humanas, no se sientan amenazados y se presten a un proceso de capacitación para desarrollar habilidades de liderazgo o de plano, un proceso de acompañamiento que mejore una determinada competencia, de ahí la importancia de capacitarse como facilitador en estos temas y sobre todo en Coaching Ejecutivo, obviamente, con nosotros, en IMPEL.

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