COMUNICACIÓN EFECTIVA EN EL LIDERAZGO

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Con frecuencia escuchamos que la buena comunicación puede ser esencial para las relaciones saludables y felices entre miembros de la familia, amigos o parejas y del trabajo. Pero, ¿qué es la buena comunicación y cómo podemos desarrollarla?

Primeramente, entendamos como comunicación ese intercambio de datos, razones o noticias que se produce entre dos o más individuos con el objetivo de aportar información, así como recibirla y cuyo propósito es compartirse. Como es natural entender, en este proceso intervienen dos partes denominadas un emisor y un receptor, además del mensaje que se pone de manifiesto y el canal elegido para ello.

La comunicación se entiende como un proceso por el cual un individuo entra en cooperación mental y emocional con otro hasta que ambos alcanzan una consciencia común, una sintonía que les faculta transmitir sus respectivos pareceres. Este proceso se ve influenciado según el contexto y el código empleado en el mensaje, con el cual puede facilitar o entorpecer el intercambio y el mutuo entendimiento.

Dado que la comunicación en el liderazgo puede presentar diversas direcciones como es la individual, colectiva, intrapersonal, interindividual, intragrupal o intergrupal, es imprescindible que todo líder desarrolle sus habilidades de comunicación para poder interactuar en los distintos escenarios y poder lograr influenciar, empoderar, encausar o acordar aspectos relevantes que les incumba o les atañe a otros fuera de su ámbito profesional.

Lo más importante en la comunicación es el entendimiento, y en ello están implicados todos los actores, por un lado, cada uno debe de lograr expresarse con claridad y precisión al explicar o exponer el tema en cuestión, como a la vez, escuchar lo que se dice como lo que no se dice verbalmente y así facilitar el mutuo entendimiento entre todos y poder así interactuar en favor del bien común.

La buena comunicación se compone de varios elementos Uno de ellos es comunicar claramente nuestros sentimientos, que significa expresar lo que experimentamos en nuestro interior ante algo o alguien, lo cual en ocasiones puede ser difícil, ya que algunas veces tenemos miedo de expresar nuestros sentimientos ya que ante los ojos de los demás podemos ser rechazados, criticados o sujetos de burla, así que optamos por esconderlos. Una de las mejores maneras de superar esta tendencia es empleando declaraciones que se inician con el pronombre “yo” cuando hablemos de nuestros sentimientos.

 

El segundo componente de la buena comunicación es aceptar los sentimientos de los demás, respetar el derecho de cualquier persona de expresar sus sentimientos de una manera apropiada, pues éstos son altamente auténticos. Por ejemplo, si el enojo se expresa diciendo <<estoy muy enojado/a por lo que hiciste>>, podemos aceptar ese sentimiento porque ha sido comunicado honestamente. La emoción debe aceptarse, pues es una manera de validad al interlocutor, aunque el motivo pueda ser cuestionable. Cuando el emisor comunica sus sentimientos menos directamente, hace uso de su lenguaje corporal al poner mala cara, hacer algún gesto de molestia, tomando una postura rígida, dando la espalda o evadiendo el contacto visual, usa alguna forma de expresión no- verbal para mostrar su cólera. Un buen receptor aún puede responder a los sentimientos del emisor con aceptación diciendo <<pareces enojado/a o molesto/a>> y, con este simple hecho de reconociendo este sentir, el oyente puede ayudar al emisor a expresarse más abiertamente al percibirse reafirmado.

Ser capaz de comunicarse claramente para poder ser entendido es de vital importancia. Esto es especialmente cierto en situaciones que involucran información, dar instrucciones, realizar una tarea, o adquirir una nueva habilidad. Por ejemplo, comunicarse claramente puede ser menos difícil de aprender porque generalmente se usa en circunstancias no emotivas, sino más racionales y objetivas.

Ser afirmativo con respecto lo que creemos o queremos. Es un componente importante de la buena comunicación, especialmente para los jóvenes. Podemos hacer afirmativos y hacer lo que realmente queremos sin hacer daño a otras personas; por lo general eso involucra decir lo que queremos o sentimos y explicar su razón, y posteriormente, establecer en forma clara la decisión o acción que se ha elegido.

Algunas veces “Ser afirmativo o directo” se confunde con “ser agresivo”. La comunicación agresiva involucra frecuentemente tonos de voces no naturales, y la acción de humillar, culpar, criticar o burlarse ante lo que dicen las otras personas, utilizar en el diálogo palabras injuriosas y groseras o generar serie de juicios descalificatorios, cuyas posturas generalmente provocan un desánimo, desinterés por mantener la conversación y se tiende a buscar la forma de cortar de plano la comunicación en lugar de alentarla y mantenerla abierta.

La comunicación es una tarea compleja del aprendizaje e la que muchos de nosotros tenemos problemas. Todos aprendemos a hablar por imitación y con base a ello adquirimos estilos de expresión y formas de relacionarnos con los demás que luego se convierten en hábitos que ya luego no cuestionamos si son efectivos o no, los damos por asentados.

Tenga en cuenta que los estilos de comunicación presentados, pueden ser nuevos y diferentes a los que generalmente estamos familiarizados y donde la mayoría de los adultos los utilizan. Sin embargo, nunca es tarde en aprender nuevas formas de expresión y proporcionar oportunidades para practicar estas nuevas técnicas.

Podemos ayudarles a comprender qué tan especial puede ser la buena comunicación; nuestras relaciones más importantes: con un padre o hermano, un empleado, un colaborador, un novio o pareja, un vecino. También podemos reconocer que la buena comunicación es una calle de dos vías, una danza entre el habla y escucha y luego la escucha y el habla, y algunas veces una persona fracasa mientras que la otra hace todo lo posible para lograrla.

La habilidad para la buena comunicación puede ser difícil de adquirir para lo cual se requiere una práctica consciente, y estar dispuesto a reconocer que hay lugar para múltiples errores, sin embargo, mientras la intención sea de buena fe, siempre habrá la disposición de corregir o aceptar la falencia según sea el caso. Como todo en la vida, es cuestión de tiempo y práctica, nadie maneja una buena comunicación de la noche a la mañana, y no hay necesidad de criticarse o por ello desistir ante los intentos fallidos. Es tarea de persistencia para romper estilos aprendidos creados hábitos arraigados de muchos años.

Las habilidades para la buena comunicación capacitan al individuo para sentirse mejor consigo mismo y lograr llevarse mejor con los demás, al sentirse cada vez más capaz de poder entablar conversaciones de todo tipo, tanto superficial y trivial como profundas y cruciales.

Estas habilidades son igualmente importantes en toda clase de relaciones personales como en las laborales, pues de ellas depende fundamentalmente el deseo de mantener y fortalecer las relaciones, el desempeño de conjunto, los buenos resultados y el buen ambiente social.

Las habilidades para la buena comunicación incluyen:

  1. Propiciar contacto visual con el interlocutor. Esto significa dirigir la mirada de manera natural regularmente a los ojos del otro, mostrando así un deseo auténtico de hacer y mantener conexión, de generar una vinculación entre las partes.
  2. Mantener la atención concentrada. Se refiere a estar al pendiente sobre lo que se dice y cómo se dice, con el objeto de hacerle sentir al interlocutor que uno lo está siguiendo en su narrativa y que es importante. Esto se logra de diversas formas, como asentando continuamente con la cabeza de acuerdo al ritmo de la conversación, haciendo diversos sonidos como mmmm, ajá, ya veo, si, no,, haciendo gestos acordes a lo captado, como también parafraseando lo que la otra persona ha dicho o haciendo alguna pregunta al respecto para abrir aún más la conversación.

 

  1. Mostrar una postura corporal afable. Esto es, asumir una postura corporal amistosa, relajada, natural, que invite al interlocutor a que se sienta cómodo para expresar lo que trae en su interior sin menoscabo de nada;
  2. Expresar sus sentimientos de manera auténtica. Para ello se recomienda iniciar con la afirmación <<yo me siento …>> y a continuación explicar la situación o razón de dicha reacción, sin ánimo de culpar o señalar al otro, sino al contrario, al decir <<yo me siento así o asá>>, es la manera en que uno se hace cargo de su propia reacción, de hacerse responsable de la emoción que le detona ante un hecho determinado explicado de una manera descriptiva. De esa manera se evita culpar al otro y colocarlo en una postura defensiva, pero sí, hacerle ser consciente del hecho o del impacto que generó su comportamiento con objeto de invitarle a cambiarlo;
  3. Aceptar las reacciones y emociones del otro. Esto significa empatizar, es decir, hacer el esfuerzo de ponerse en el lugar del otro al reconocer y comprender la validez de ese sentir, aunque eso no quiere decir que esté de acuerdo. Es simplemente hacerle ver al interlocutor que uno comprende su sentir ante lo sucedido y lo respeta;
  4. Observar los mensajes que se comunican sin palabras. Esto se refiere a percatarse de las distintas expresiones corporales como son gestos, miradas, movimientos de las manos, brazos y cuerpo en general como también las posturas asumidas por el otro. Tomado eso en cuenta, uno puede verificar su hipótesis al preguntarle si esa expresión corresponde a un sentir específico, como, por ejemplo: <<noto que se te trabada la quijada cuando hablas de él/ella, ¿te sigue dando coraje recordar lo que te hizo?>>, de esa manera el interlocutor reafirmará lo que uno percibe y se sentirá comprendido a la vez, que nosotros confirmamos lo que captamos para seguir así en sintonía.
  5. Responder a otros sin agresividad. Por respeto y consideración al otro, se requiere dar una respuesta ante lo que el otro comenta, ya sea afirmativa o no necesariamente, pues hay múltiples razones para explicar o exponer algún asunto en cuestión. Tome en cuenta que, aunque pueda sentirse atacado, evite mantener silencio bajo la presunción de no hacer el conflicto mayor, porque el acto de no responder ante la inquietud o reclamo que su interlocutor expone, es tomar una postura altamente agresiva y grosera que puede llegar al grado de violentar la conversación.

 

Como líder, es de suma importancia desarrollar habilidades para una buena comunicación, como es la asertividad, la observación, la empatía, la indagación, la persuasión, la expresión de sentimientos, el manejo emocional, la escucha activa, la concreción, la objetividad, pues en conjunto, fortalecen las relaciones humanas como también la autoestima de cada uno de los actores, confianza y credibilidad, fundamentos básicos para el desempeño de conjunto.

 

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