CERRAR CICLOS

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En nuestra lengua castellana, la palabra <<pendiente>> se refiere a un ornamento comunmente femenino llamado arete o arracada, que no es más que un aro de metal generalmente precioso con alguna figura colgante finamente adornado que se coloca en las orejas de la persona. Como se podrá observar, es algo que cuelga, al ser de metal y como signo de decoración tiene formas entrincadas cuyo motivo es llamar la atención.

Psicológicmante se hace una analogía con respecto a lo que es el ornamento, pues se puede entender que un pendiente es un asunto que todavía está sin resolver (cuelga), sin llevar a cabo o sin terminar, de ahí la expresión <<asuntos pendientes>> o también, se aplica cuando un individuo por alguna causa, pone mucha atención o interés sobre otra persona, animal, objeto o suceso ante su bienestar, seguridad o cuidado, para actuar en consecuencia si es necesario, eso es, “estar al pendiente”. En ambos casos, el estar atento ante algo o alguien, genera cierta tensión emocional, consciente o inconsciente, que pone a la persona en estado de ‘alerta’ y de ahí la sensación emocional y física de pesadumbre sobre esos pendientes y dependiendo del caso, llega a ser por ende más o menos pesado y desgastante, y se descansa cuando se terminan.

Con la edad, hay momentos en que cualquier individuo generalmente ya en etapa adulta y más en una situación de “quiebre”, le incita hacer un recuento de cómo va su vida, y con tantos asuntos que atender a la vez, se da cuenta de que parece que está en un mundo vertiginoso sin terminar, todo empezado y poco concluido. Desde grandes proyectos como estudiar una maestría, iniciar un matrimonio, educar a hijos, emprender algún negocio, como pequeños proyectos como poner las fotos en un álbum, hacer limpieza del librero, poner en orden una serie de papeles y recibos sobre servicios de la casa, deshacerse de papeles ya obsoletos, actualizar alguna que otra credencial, terminar un curso que quedó interrumpido, aclarar un mal entendido con alguien, retomar cita que quedó suspendida con un amigo, y demás. En una vida acelerada como la que llevamos ahora, todo se vuelve urgente y resta tiempo para dedicarse a lo importante o valioso, en el que ante el activismo desemedido, sirve de motivo para para postergar múltiples cosas, bajo expresiones como <<cuando tenga un poco de tiempo le visito>>, <<nada más que tenga tiempo hago la limpieza>>, <<ahora que me desocupe un poco, lo voy a hacer>>, y hasta ahí se llega, a meras intenciones. Estos son los famosos <<pendientes>>.

 

En general, las cosas pendientes no tienen por qué ser únicamente importantes o trascendentales, y mucho menos urgentes, sin embargo, si exigen atención inmediata. Existen una gran cantidad de ellas de corte trivial que van apareciendo día con día y se acumulan una tras otra en la mente como si lo fueran. Esos asuntos pendientes, grandes y pequeños, necesarios o simples generalmente no dejan a ninguna persona en paz para disfrutar del resto de las cosas. Gran mayoría de ellas surgen por desorganización y mal manejo de prioridades,  impedimentos de tiempo por múltiples compromisos, falta de salud o carencia de dinero, muchas otras son postergadas por flojera y desidia, otras tantas, por temor o soberbia y finalmente hay las que quedan “en el olvido” al no querer afrontar la responsabilidad de tomar decisiones y determinarse a hacerlo por lo que puedan implicar. Si uno desea vivir con tranquilidad, es necesario poner en orden todos los asuntos y romper de inmediato con el hábito de dilatar o postergar las cosas, factor importante que coadyuva a eliminar el mayor número de pendientes posibles, a la vez, se evitan  fugas innecesarias de energía, que desgastan, distraen, desenfocan, saturan, cansan y agotan.

¿Cómo evitar ese desgaste? ¿Qué hacer para vivir con menos preocupaciones y tensión? Dado que se vive bajo una dinámica sumamente acelerada, colmada de un sinnúmero de asuntos por atender, lo primero que hay que hacer es dejar de postergar lo inevitable y hacer de inmediato las tareas que correspondan para atender dentro de lo posible todos esos asuntos cotidianos y concluirlos lo más rápido posible. Sin embargo, como es difícil terminar todos los asuntos satisfactoriamente, se dejan generalmente asuntos inconclusos para el mañana; ante la necesidad de atender los nuevos asuntos y situaciones propios del día siguiente, se vuelven a dejar otros temas pendientes y así sucesivamente hasta que ante su cúmulo, llega el día en que esos ‘pendientes’ reclaman airosamente atención y obligan a ser finiquitados, y a eso se le llama <<cerrar ciclos>>.

Obvio decir que los ‘pendientes’ pueden surgir por diferentes motivos y residen en cualquier dimensión de la vida del ser humano, ya sea, en el ámbito físico, mental, afectivo, social, espiritual y económico, de magnitud insignificante o relevante, pero en todos los casos, hay que concluirlos. Estos asuntos surgen de nuestras propias decisiones asociadas a temas diversos, pero vinculados siempre a declaraciones emitidas, promesas hechas, trámites obligados, compromisos contraídos, responsabilidades asumidas, intenciones surgidas, deudas contraídas, necesidades por satisfacer, deseos por cumplir, frustraciones que superar, conflictos no resueltos. Según sean los casos, deben de ser realizados, concluidos, terminados, liquidados, logrados o aclarados.

De lo anterior, se deduce el gran cúmulo de pendientes que se traen a cuestas en la mente a lo largo de la vida y que a diario crece, generando gran dosis de tensión, que cuando reclaman resolución inmediata, generan toda clase de reacciones: intolerancia, desesperación, impaciencia, irritabilidad y cansancio.

Hoy recibí una buena noticia al enterarme que una amiga había renunciado a un trabajo poco gratificante en todos los sentidos y empieza uno nuevo con un panorama bastante esperanzador, con un enfoque altamente significativo que aporta valor a la sociedad y a ella misma, cuyas funciones van más alineadas a sus valores y preferencias como también acompañado de un salario y un ambiente laboral mucho más satisfactorio, agradable y gratificante. Este cambio no fue ni fácil ni rápido, requirió esfuerzo, paciencia y perseverancia, porque ante una crisis con la necesidad de subsistir y sacar sus compromisos adelante, y ante el dilema de no tener ingresos para cubrir toda la serie de gastos en ese momento, las oportunidades para conseguir algo mejor no se dan con tanta facilidad, para lo cual hay que prepararse y así no esperar a que las cosas sucedan, sino al contrario, hacer que las cosas sucedan como ella lo hizo.

Ese tipo de transición, hace que se cierre un ciclo y se abra otro, sin embargo, en la experiencia terminada, puede que haya asuntos que quedaron abiertos, como una sensación de “injusticia” no expresada, un “conflicto” por interpretaciones erróneas no aclarado, una “decepción” no expresada ante cierto comportamiento de alguien, o “culpa” no sanada al reconocer errores cometidos por mal desempeño o por mal manejo de la relación. Ahí quedan esos pendientes sin resolver, los cuales, de una forma u otra, debieran de ser finiquitados, pues de no hacerlo, con el tiempo se vuelve en hábito dejar las cosas inconclusas y repercuten mas tarde bajo un estado de crisis. Solamente se logra limpiar pendientes por propia iniciativa. Así le pasa a toda la gente, deja asuntos inconclusos, sin aclarar nada, con la fantasía de que el tiempo lo borre hasta que surja el arrepentimiento o culpa cuando ya es demasiado tarde.

Abrir nuevos ciclos se hace desde el momento en que emprendemos algo nuevo como un trabajo distinto, proyectos, nuevas relaciones (organización, jefe, colegas, actividad, leyes, dinero), eso genera vínculos, compromiso con cada uno de ellos, y por el hecho de interactuar se llegan a propiciar el conjunto de pendientes. Todo relación genera cierto vínculo, dependiendo de lo fuerte o endeble que éste sea, se establece un determinado nivel de compromiso, y en el interactuar es donde surgen las intenciones y acciones que producen una serie de pendientes por resolver y finiquitar.

 

¿Qué produce mantener ciclos abiertos? Al recordar cada vez algo que se tiene postergado se puede sentir culpa, incomodidad, recriminación, malestar, frustración y una gran sensación de fracaso, según sea el caso, que provocará con ello un cierto alejamiento cada vez mas de los objetivos que se tengan o de personas que se aprecian y con ello hará que la autoestima se venga abajo, la motivación desaparezca y los objetivos y metas vayan a parar a una larga lista de ASUNTOS PENDIENTES, lastres pesados cuyas cargas emocionales como, coraje, miedo, rencor, tristeza, desesperación, angustia, odio, propician estrés, y con el tiempo llegan a afectar severamente cualquier área de la vida: personal, familiar, profesional, laboral, recreativa y económica.

Renunciar a un trabajo por alguna insatisfacción, conversar con cierta persona a la que se lastimó, el aclarar malos entendidos o interpretaciones equivocadas, recuperar la amistad de un colega, el establecer límites y dignificarse ante atropellos y abusos, el entrar a terapia para recuperar la salud emocional, el pagar deudas atrasadas, el hacer un testamento, responder a una llamada péredida, concluir cierto trámite administrativo, etc. eso es cerrar ciclos.

Como también, en los casos en que proyectos que han estado pululando en la mente como un anhelo por mucho tiempo y que no se ha hecho nada al respecto y no se ve para cuándo, es momento de tomar una resolución definitiva, armarse de coraje y determinarse en llevarlo a cabo de una vez por todas eso que se ha deseado o sencillamente renunciar a él y dejarse de lamentar inútilmente y argumentar pretextos, justificaciones o culpas.

Cerrar ciclos, se puede entender como “ponerle punto final a algo”, “culminar un capítulo más de nuestra existencia”, “cerrar definitivamente una puerta”, “darle vuelta a la hoja”, de la forma en que se diga, todas las expresiones llegan a decir lo mismo, van en la misma dirección, lo que significa que es el momento de terminar algo, finiquitarlo definitivamente y dejarlo ya en el pasado como algo concluido.

¿Qué tiene de bueno cerrar ciclos? Aunque el hecho de cerrar algún ciclo en la vida pueda llegar a ser doloroso, molesto, incómodo o aburrido al tener que despedirse de un ser querido, renunciar a algún anhelo, desprenderse de un objeto deseado, romper con una relación amorosa, claudicar a un proyecto por causas ajenas, pedir perdón a alguien, dispensar a personas ante insultos y agravios, cumplir promesas, superar desilusiones para nada es agradable.

 

Cierto que todas esas experiencias representan pérdidas, dolor, sinsabores, confrontaciones, discusiones, preocupaciones, inquietudes, vergüenza, por lo tanto, es conveniente –por salud mental y emocional- afrontar la nueva realidad y permitirse vivir esa tristeza, desahogar ese enojo o enfrentar ese temor que traen consigo los finales por todo aquello vivido. En todos los casos, siempre habrá duelo, por lo tanto, es necesario y conveniente permitirse enfrentar esa serie de emociones al margen de las causas para lograr con ello, una auténtica sensación de paz, liberación, tranquilidad y apertura hacia una nueva realidad.

Estos eventos de concluir algo y de iniciar algo nuevo se da en todas las áreas de la vida del ser humano, como etapas de vida (niñez, juventud, adultez, madurez, 3era. edad y vejez) relaciones sociales (familiares, de pareja, conyugales, amistades), académicas, profesionales, laborales, diversión, espirituales, económicas, en fín. Pero, ya que este fenómeno se da a lo largo de la vida, cabe hacerse varias preguntas: ¿Qué significa <<cerrar ciclos>>? ¿Qué importancia tiene el cerrar ciclos? ¿Qué produce mantener ciclos abiertos? ¿Cómo cerrar ciclos?

Lo nuevo no tiene por qué asustar. Es normal que implique un desequilibrio inicial, pero en relativamente poco tiempo comenzará a aflorar sus bondades. Salir del viejo hábito de postergar o dilatar cosas puede espantar, porque implica un cambio de actitud, dejar de actuar infantilmente y empezar a actuar como individuo maduro, esto significa asumir mayor responsabilidad de sí mismo, asumir mayor compormiso con los demás, contraer el ego y promover humildad, fomentar el desapego, edificar la propia autoestima, apertura, flexibilidad y adaptabilidad ante los cambios planeados como sorpresivos, ser gentil tanto en aciertos como en desatinos, someterse a una disciplina que le de orden a la propia vida. Como se puede apreciar, la mayoría de las veces, los cambios ofrecen más de lo que quita, siempre y cuando se tengan metas y propósitos claros.

Cuántos pendientes uno carga que están relacionados a asuntos inmediatos, cuántos otros caen en plazos mediatos y otros tantos a largo plazo, relevantes o intrascendentes, que de forma inconsciente o consciente, se traen cargando en la mente, recordando que hay cuestiones inconclusas como deberes que atender los cuales requieren ya su resolución, mientras tanto están produciendo una gran fuga de energía vital.

¿Qué se debe hacer al respecto? ¡CERRAR CICLOS!

 

Si realmente se quiere conseguir salir de este círculo vicioso, hay que hacerse de valor y darse el tiempo para llevar a cabo lo que se necesite hacer, para ello, se debe iniciar por cambiar la perspectiva,  entendiendo que el mayor propósito de cerrar ciclos es lograr liberarse y estar tranquilos consigo mismo y con los demás, para disfrutar la vida en su máxima expresión, eso conlleva a cambiar la forma de pensar y de utilizar el lenguaje, por tanto, ese <<tengo que…>>, conviene sustituirlo por: <<elijo…>> y para ello es necesario para cada caso establecer ese pendiente como una META y con ello diseñar un Plan de Acción realista y flexible que conduzca a su cumplimiento y logro.

Una buena referencia es seguir el Modelo SMART: Que el objetivo sea:

ESPECIFICO: lo que se proponga debe ser concreto y claro;

MEDIBLE: lo que se desea, que sea tangible o cuantificable y que se pueda controlar a través de una bitácora de acuerdo al criterio que permita medir el progreso: pesos, kgrs., mts., kms. segs. etc., para así evaluar avances;

ALCANZABLE: aquello que se desea esté bajo control y sea factible de cumplir a pesar de que implique cierto reto para lograrlo;

REALISTA: lo que se busque no debe ser fantasioso ni iluso, sino algo factible de realizar según las prioridades;

TEMPORAL: fijar un tiempo suficientemente razonable para cada actividad en aras de finiquitar el asunto en una fecha previamente establecida;

Y unos consejos más que coadyuvarán a este propósito de dejar de procrastinar:

INTEGRARLOS A LA VIDA: Han de ser parte de la agenda, con horarios fijos sin que se traslapen con otras actividades cotidianas. Imperativo respetar esos horarios para fomentar su hábito, sin ceder a tentaciones factibles de aparecer;

MANTENLOS SIEMPRE PRESENTES: Existen infinidad de estímulos disfrazados de muchas maneras que llegan a distraer y desviar la atención de la persona de su cometido, por tanto, se requiere mantener foco, concentración para evitar distracciones que le hagan desistir y para ello es conveniente apegarse al Plan de Acción así como también apoyarse de herramientas (Post its, Mapa de Metas, Cuadro de Imágenes, Fotos, Lista de Tareas, etc.) que les permitan tener a la vista esos asuntos a finiquitar y con ello la serie de tareas por llevar a cabo para su consecución.

 

IDENTIFICAR PROPÓSITOS: Es conveniente tener bien identificadas las razones de peso que le dieran sentido y justificara ese esfuerzo de resolver esa situación pendiente, más aún en aquellos casos que tengan que ver con relaciones afectivas significativas dañadas o rotas y se desee restablecerlas o finiquitarlas civilizadamente.

Tanto para arreglar cosas pequeñas que son fastidiosas como para afrontar situaciones importantes que llegan a ser delicadas, y que en cualquiera de los casos se han postergado, acudir al Psicólogo o a un Coach de Vida, puede ser de gran utilidad ya que con su preparación serán de gran ayuda para definir una buena estrategia, adquirir hábitos positivos, lograr reducir pendientes, crecer como ser humano y con todo ello, lograr una mejor calidad de vida.

Tomar conciencia de ya dejar de postergar las cosas al margen de su grado de complejidad y asumir un fuerte compromiso en bienestar de sí mismo y de los demás, es fundamental para vivir en paz, armonía y gozo.

Para mayor información, consulta nuestra sección de Acompañamiento o intervención ante la crisis y descubre todos los servicios que tenemos para ti.

Maestro en Desarrollo Humano Ricardo Alonso

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